Desayunamos en la habitación para no perder mucho tiempo. Preveíamos un día de muchísimo calor, la noche anterior habíamos visto que daban alertas por altas temperaturas.
Pronto nos pusimos en marcha. La etapa de hoy se resume rápido, 84 km de dique infernal y puñetero. Pista recta y a los lados nada, terruño húngaro. Nada más salir del pueblo comenzó el tramo de dique que en los primeros kilómetros estaba sin asfaltar. Aún no apretaba en exceso el calor y aunque el terreno hacía algo difícil el pedaleo, íbamos bromeando sobre lo bonito y diferente que era paisaje. De nuevo no nos cruzamos con nadie.
40 km después llegamos a Baja, que es una población grande y bastante bonita. Había una playa fluvial que aprovechamos para darnos un baño y refrescarnos. Nos hubiera gustado pasear por la ciudad pero eran las 11.30, los termómetros marcaban 43 grados y el mapa amenazaba con más dique. Así que dimos un par de vueltas por el centro en bici y seguimos ruta.
La segunda parte de la etapa fueron otros 44 kilómetros de dique. De puto dique. Ahora el aire se había vuelto muy caliente así que ni siquiera el viento que generábamos era agradable, todo lo contrario. De vez en cuando nos echábamos por encima el agua que nos podíamos permitir perder y quemaba!! Así seguimos, cruzando los dedos para no tener que parar a nada y entrar en combustión espontánea.
Al cabo de un par de horas largas llegamos a Újmohács el lugar donde acababa el dique del averno y salía el ferry que nos cruzaba los escasos metros que nos separaban de la otra orilla, que ya era Mohács. Mientras esperábamos el ferry aprovechamos para darnos un baño en el río y comer un helado en el bar, que era lo único que había en el pueblo, el bar y dos o tres casas. Desde el bar veíamos un hotel en la otra orilla, con una pancarta en la terraza de la azotea que nos llamaba "Welcome bikers", así que nada más bajar del ferry y tras preguntar precio y confirmar que había aire acondicionado nos quedamos. La llegada fue graciosa porque estaban celebrando dos bodas a la vez y entramos y salimos a preguntar con la gran sudada, entre los invitados de punta en blanco desprendiendo perfume, casi apartando a la novia y a los "mariachis húngaros" de nuestro camino. La recepcionista se solidarizó con nosotros y nos ofreció una copa de vino de las que los camareros estaban ofreciendo entre los invitados. La aceptamos, por supuesto, pero os confesamos que el ojo lo teníamos más puesto en los canapés.
Ducha helada de rigor y paseo. Mohács es un sitio pequeño pero bonito. Nos hidratamos con cerveza local, sabiendo que eran nuestras últimas Soproni, porque al día siguiente ya cruzaríamos a Croacia.
Mientras cenábamos una parrillada de especialidades húngaras en una terraza muy animada se levantó una gran ventolera. Nos alegramos pensando que quizás estuviera cambiando el tiempo por fin y se iría la ola de calor cochina. No nos alegramos tanto cuando nos acordamos de que habíamos lavado bastante ropa y la habíamos dejado secando en la terraza. Sí, a la vuelta al hotel nos tocó buscar ropa por la calle, apareció todo menos un calcetín que se resistió hasta la mañana siguiente.
Luego cayó una gran tormenta, por fin empezaba a cambiar el tiempo.






En Croacia os lamentareis del frío y la lluvia ... Ley de Murphy
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