Nos despertamos muy descansados, acostarse pronto y dormir con un ventilador que nos refrescó toda la noche ayudó mucho.
Desayunamos como reyes en el hotel, cosas que el dueño nos fue sacando de la cocina. Huevos fritos, rodajas de tomate, queso, mermelada casera que estaba buenísima, pan con mantequilla y hasta chorizo!
Con esa gasolina salimos como motos, hicimos la parada pertinente para comprar comida para la ruta y fuimos dejando atrás la gran cúpula de Esztergom. Fuimos unos 10 km por carretera general hasta coger el desvío que nos llevaba al ferry que había que coger necesariamente para pasar al otro lado del Danubio y seguir circulando. Podríamos haber seguido por el sur del río pero nos hacía especial ilusión pedalear a lo largo de "la gran curva" del Danubio. Allí donde da el giro total hacia el sur.
Al otro lado nos esperaba una senda muy bonita y variada, con pequeñas subidas,bajadas,curvas, sol, sombra...
Atravesamos pueblos muy guapos, en los que se veía que tenían sus casas la gente de pasta. Casas de cara al río separadas de este por paseos adoquinados, zonas verdes, árboles, maceteros llenos de flores, restaurantes...todo al estilo de sitio de veraneo de gente bien.
Al cabo de unos kilómetros llegamos a Vác, aquí cogimos otro ferry que nos pasaba a la otra rivera para continuar ruta.
Veníamos con la duda de si entrar a Budapest en barco o en bici porque habíamos oído que era casi imprescindible entrar por agua a esta ciudad. En el ferry nos encontramos a otros ciclistas que lo corroboraron y nos dieron todo detalle de los horarios del barco. Así que decidimos que entraríamos en barco a Budapest, lo que suponía que sólo nos quedaban 16 km al bajar del ferry hasta el embarcadero.
Como íbamos bien de tiempo paramos a darnos un chapuzón en el río y comer en unas mesitas de madera a la sombra.
Comentamos las buenas sensaciones que teníamos hoy los dos, nada que ver con las del día anterior y estuvimos de acuerdo en que deberíamos tomarnos el descanso mucho más en serio.
Terminamos nuestro manjar de cada día, que viene siendo salchichón, queso, pan y agua muy caliente y continuamos.
Llegamos al pueblo donde se cogía el barco para Budapest, y una vez que vimos el embarcadero a 20 metros de nosotros, giramos para dejar las bicis. Juaco giró con la bici, yo con el cuerpo. ( Nota para mi: no olvidarse de que llevo alforjas pesadas al girar en grijo)
No fue mucha la avería, un machacón en el muslo y unos rayonazos por pierna y codos. Debajo de la rodilla se me hinchó mucho la pierna en cuestión de segundos. Pero tuve la "suerte" de caer cerca de un bar, donde me dieron hielo y la hinchazón bajó rápido.
Al cabo de una hora salió el barco, cuya entrada en Budapest es simplemente alucinante. Ver el parlamento desde el río acercarse cada vez más, ver a un lado Buda, a otro Pest e ir pasando por debajo de los puentes que las unen nos dejó boquiabiertos.
Al bajar del barco pedaleamos buscando nuestro alojamiento, que habíamos reservado un par de días antes, porque nuestra estancia coincidía con el Sziget festival y la ciudad prometía estar a tope.
Dejamos las cosas en el horno que hacía la función de habitación, nos dimos una ducha, (curamos heridas), y salimos a pasear y cenar.
El ambiente y los lugares de Pest nos parecieron mágicos. Tomamos una cerveza en una terraza que derrochaba encanto, cenamos y a cocer, descansar.









Las fotos, excepto la del codo, animan a hacer este tipo de viaje. La ola de calor forma parte de la salsa del ciclismo: calor, frío, lluvia, viento...
ResponderEliminarLa verdad que de todo se disfruta. Se necesita calor para apreciar la lluvia y etapas menos guapas para que otras nos parezcan una pasada.
EliminarTodo parece precioso. Cuidaros y no os caigáis, que no es divertido. ¡Ánimo!
ResponderEliminarNo lo es no, no lo es...si mi culo hablara daría fé de ello.
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