Bratislava es una ciudad encantadora. El día que le hemos
dedicado nos ha encantado. Tiene una intensidad especial, sobre todo
para alguien que nunca antes ha viajado de esta forma por Europa. En
este viaje en concreto supone nuestro primer contacto con la esencia
oriental del continente.
La mañana la dedicamos a pasear el centro, no sin antes
desayunar en un café que nos quedaba de camino, en el que nos comimos un
buen par de tostadas rebosantes de queso, embutido y pepino. La entrada
al casco histórico es de por sí preciosa pasando desde el palacio
primacial a la plaza Hlavne. La ciudad parecía llena de vida y gente,
así que paseamos intentando disfrutar del sitio sin más. Nos sorprendió
la cantidad de turismo, sabiendo que es una ciudad pequeña. Visitando
la catedral de San Martín no pudimos resistirnos a parar en un pequeño
bar en la parte trasera, el Pinot. Apretando el calor (38 grados)
pedimos una cerveza bien fria a la sombra de un sauce enorme y
disfrutando de una corriente de aire que nos dejó nuevos. Casi
totalmente solos, en silencio nos dimos cuenta de lo chulos que son los
contrastes en Bratislava. Veníamos del orden de Viena y disfrutar de ese
rinconcito viendo grafitis, hierba entre el adoquinado a la espalda de
un vestigio imperial, nos pareció muy romántico.
La ubicación del alojamiento nos permitió respirar también
esa ambivalencia de una ciudad con una riqueza tremenda de atracciones
turísticas en su centro y otra decadente a escasos centenares de metro.
Manzanas cerradas, bajos habitados, pocos comercios, el asfalto
levantado, solares abandonados... La antigua checoslovaquia muy
presente... Redondea ese aire tan de otro tiempo, cogerte un tranvía o
trolebús hasta el pie de la colina en la que está el Slavin, y ver esas
estatuas homenaje al ejército rojo. Aunque te jode un poco el embelese
romántico ver los casoplones que se gasta la gente por ahí . Bajar desde
Slavin de nuevo a la ciudad vieja viendo el castillo y aterrizar en la
calle Obchodna es genial. Total, que Bratislava esta muy bien y aunque
uno se canse de leer que tiene poco que ver, diríamos que hay que
incluirla en las listas de destinos.
Además el ambiente nocturno es muy decente para los más
gambiteros. Nosotros aprovechamos uno de los restaurantes típicos (a
falta de referencias mejores) del centro para probar alguna de las
recetas eslovacas más típicas.





No hay comentarios:
Publicar un comentario