miércoles, 12 de agosto de 2015

Día 5. Bratislava

Bratislava es una ciudad encantadora. El día que le hemos dedicado nos ha encantado. Tiene una intensidad especial, sobre todo para alguien que nunca antes ha viajado de esta forma por Europa. En este viaje en concreto supone nuestro primer contacto con la esencia oriental del continente.


La mañana la dedicamos a pasear el centro, no sin antes desayunar en un café que nos quedaba de camino, en el que nos comimos un buen par de tostadas rebosantes de queso, embutido y pepino. La entrada al casco histórico es de por sí preciosa pasando desde el palacio primacial a la plaza Hlavne. La ciudad parecía llena de vida y gente, así que paseamos intentando disfrutar del sitio sin más. Nos sorprendió la cantidad de turismo, sabiendo que es una ciudad pequeña. Visitando  la catedral de San Martín no pudimos resistirnos a parar en un pequeño bar en la parte trasera, el Pinot. Apretando el calor (38 grados) pedimos una cerveza bien fria a la sombra de un sauce enorme y disfrutando de una corriente de aire que nos dejó nuevos. Casi totalmente solos, en silencio nos dimos cuenta de lo chulos que son los contrastes en Bratislava. Veníamos del orden de Viena y disfrutar de ese rinconcito viendo grafitis, hierba entre el adoquinado a la espalda de un vestigio imperial, nos pareció muy romántico. 


La ubicación del alojamiento nos permitió respirar también esa ambivalencia de una ciudad con una riqueza tremenda de atracciones turísticas en su centro y otra decadente a escasos centenares de metro. Manzanas cerradas, bajos habitados, pocos comercios, el asfalto levantado, solares abandonados... La antigua checoslovaquia muy presente... Redondea ese aire tan de otro tiempo, cogerte un tranvía o trolebús hasta el pie de la colina en la que está el Slavin, y ver esas estatuas homenaje al ejército rojo. Aunque te jode un poco el embelese romántico ver los casoplones que se gasta la gente por ahí . Bajar desde Slavin de nuevo a la ciudad vieja viendo el castillo y aterrizar en la calle Obchodna es genial. Total, que Bratislava esta muy bien y aunque uno se canse de leer que tiene poco que ver,  diríamos que hay que incluirla en las listas de destinos.


 Además el ambiente nocturno es muy decente para los más gambiteros. Nosotros aprovechamos uno de los restaurantes típicos (a falta de referencias mejores) del centro para probar alguna de las recetas eslovacas más típicas.





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