Nos levantamos en el encantador hotel en el que nos alojamos en Osijek. Con una sensación de haber descansado como se debe, desayunamos en la pequeña cocina de la casa. Cuando empezamos a preparar alforjas y demás parafernalia constatamos en el patio del hotel (chulisimo claro) que llovía y que tenía poca pinta de parar. La amable pareja que llevaba el alojamiento nos recomendó y reservó habitación en Ilok, por lo que empezamos ruta sabiendo que no íbamos a tener que dar las típicas vueltas para buscar refugio, lo cual nos turra bastante, y con la sensación de que iba a estar genial por quién recomendaba.

Les primeres pedalaes para salir de Osijek fueron ya bajo la lluvia. El tráfico era denso, típico de un lunes de mañana y un 17 de agosto, final de vacaciones de mucha gente. La mañana estaba lúgubre pero muy movida. Croacia no nos parece como Hungría y la mañana tenía el típico aire que suele tener en casa, movimiento, la gente de compras, mucho camión de reparto..... Poco a poco fuimos abandonando la ciudad y enseguida tomamos la carretera que nos llevaría a Vukovar. Mucho tráfico y cada vez menos lluvia, en determinado momento salimos unos kilómetros de la carretera principal, para luego retomarla y la cantidad de coches ya nos permitía ir más relajados. Con un paisaje que no ofrecía demasiado avanzamos kilómetros, frescos por fin, charlando relajados.

Atravesamos algunos pueblos y varios locales nos gritaban cosas en croata que nos hubiera gustado entender, pero que a juzgar por su gesto parecían palabras de bienvenida o ánimo. Íbamos a muy buen ritmo y muy a gusto, llegar a la entrada de Vukovar nos pareció un paseo, lo que hace el calor.....comentamos la mella que nos había hecho. Por fin podíamos disfrutar plenamente de la bici. Durante los últimos días ni siquiera podíamos parar sin chorrear, el tiempo ahora permitía descansos, paradas para comer, para visitar cómodamente, para sacar la típica foto que te llama la atención....las sensaciones eran buenas. Días antes parecía que todo pasaba por llegar a destino para librarnos del fuego.
La entrada en la ciudad fue larga y de nuevo con mucho tráfico. En contra de lo que pensábamos, Vukovar ofrecía la típica visión de ciudad industrial, con actividad muy en contraste con la Hungría rural que habíamos dejado atrás. Aquí había puerto, naves, camiones... Llegar al centro no llevo mucho tiempo y sin ser demasiado guapo la visión del Danubio aquí es muy bonita. En la orilla contraria una gran playa fluvial y vegetación en ambas riberas, nada de diques, una estampa muy chula. En la calle de nuevo mucha actividad, encontramos un mercadillo y todo estaba muy animado y lleno de gente. De nuevo todo nos acercaba más a lo propio, más gente por la calle, puestos con fruta y ropa....en Croacia todo nos parece más cercano y a la vez más cálido, ya veis nos mola el barullu. Esperábamos contemplar una ciudad más castigada, más agujereada, con más cicatrices, como epicentro que fue en 1991 del principio de la guerra de Croacia. Había edificios ruinosos, algunos abandonados, pero nos pareció que Vukovar tenía color, no impactaba como creíamos que podría hacer.

Dimos un par de vueltas por el centro y sacamos algunas fotos al río. Cuando ya no daba para mucho más, cogimos ruta y seguimos la carretera a Ilok. Saliendo del centro ya podíamos divisar el edificio más emblemático de la ciudad la "torre agua". A medida que nos acercábamos a ella se hacía grande y ahí sí, la sensación fue intensa. No podíamos dejar de mirar ese mamotreto cadaverico, destrozado y agujereado. Todo pasó a ser muy solemne, sin hablarlo ninguno de los dos esbozó una mínima sonrisa en las fotos. Hemos sido plenamente conscientes desde nuestra infancia de lo que ha pasado aquí, probablemente nunca rigurosamente informados y de repente ver una cicatriz tan profunda aquí al lado de casa y de hace dos días, te deja parado. Ha sido una experiencia terrible contemplar esa muestra del horror, de algo que nos fue tan ajeno y a la vez tan cercano. Después te da por pensar que casi todos los que ves por aquí han vivido eso, esa torre de agua nos pareció algo muy potente. Los 90 aquí no fueron felices.


Emocionados seguimos ruta y avanzamos en contra de la lluvia. El cielo nublado y la carretera muy mojada, por lo que no nos pilló ningún chaparrón más. El paisaje se volvió distinto, más bonito, como de camino a Osijek volvieron los viñedos y el terreno ahora era más cambiante. De camino atravesamos varios pueblos a los que se accedía en bajada y de los que se salía en subida, rampas cortas del 6 al 8% según decía el mapa. Divertida, una etapa muy ciclista con ese airecillo de aventura, empapados y manchados por la carretera mojada. Lo cierto es que lo pasamos genial, el calor nos hizo mella durante dos etapas, pero como gente del norte al fresco carburamos mejor. Sin mucha más historia llegamos a Ilok, con algo de adelanto. Tuvimos que acercarnos a un bar al lado del alojamiento para que el encargado, dueño o lo que sea nos viniese a abrir.

Ducha, pintada de ojo y paseo. Esperábamos en Ilok un ambiente más bodeguero, como localidad vinicola, pero no fue así, encontramos la calma y una de las escenas más bucólicas de nuestro viaje. Paseamos el pueblo hacia el norte hasta llegar a una carretera flanqueada por plátanos (el árbol) enormes que daba acceso al Danubio y una preciosa sección de bosque autóctono muy abierta. Allí tan solo algunos pescadores silenciosos, un hotel hacia el este y un chiringuito cutre al lado contrario, justo en frente de la desembocadura de un canal en el cauce principal en el que fondeaban pequeñas embarcaciones de madera para la pesca.

En ese paraje y con un cielo nublado que dejaba ver algún claro fue cayéndose el sol detrás del Danubio, una obra de arte. Cerveza y banco contemplativo, sólo con eso Ilok merece una y mil visitas. Con el sol escondido fuimos a cenar al hotel a orillas del Danubio, según nuestro hotelero único sitio enel que nos darían cena ese lunes. Resultó perfecto, tenían una terraza muy chula mirando al río, así que esa tarde todo fue para el Danubio.

Una vez en el hotel escribiendo este post con la RTL croata de fondo, descubrimos que el chico que nos había recomendado el hotel con encanto en Osijek era el reportero que cubría una noticia en Vukovar! Aquel chico tan amable narraba las protestas, violentas en algunos casos, de habitantes de Vukovar, en contra de la normativa del gobierno socialdemócrata de incluir en los carteles de las administraciones el serbio cirílico allí donde al menos un tercio de la población fuese serbia. No era el caso de Vukovar, el alcalde quería dar ejemplo, pero las cicatrices aún son muy recientes...