sábado, 22 de agosto de 2015

Día 17. Beska - Belgrado (70 km)

Día de poco madrugar, la mañana comenzó robándole minutos al reloj conscientemente. Nos daba pena empezar nuestro último día de bicicleta, las ganas de llegar Belgrado se diluían con la sensación de que se acababa el viaje. Desayuno al uso, parafernalia lista y a rodar...


La etapa comenzó al sol, buen tiempo y temperatura agradable, uno de los mejores días desde que empezó el viaje. Durante los primeros kilómetros un poco más de los mismo cuando te alejas del río, vasta zona rural con mucho girasol y esta vez extensiones enormes del cultivos frutales. Carreteras cómodas al principio y poco agradables después con un carril derecho convertido en pista de arena y piedras. Los encuentros con los coches en esos tramos lo único delicado, pero sin demasiado peligro, había poco tráfico y en general eran respetuosos. 




Avanzando íbamos atravesando pequeños pueblos que cada vez nos acercaban un poquito más a Belgrado lo que hacía que aumentase algo más el tráfico. Llegados al cruce que nos metía en Batajnica ya se olía la ciudad, mucho coche y aspecto de urbe que ya no abandonariamos durante los 24 km que nos restaban hasta el centro. El tramo hasta Zemun el más incómodo, pegaditos el uno al otro con poco arcén y mucho tráfico. Llegados a Zemun empezaba una entrada a la capital serbia preciosa, que ninguno de los dos esperábamos. 


Aire de pueblecito, empedrado y en bajada hasta estrellarse con el río con alguna terraza encaramada con vistas al Danubio y a Belgrado aún al fondo. Todo muy cuidado y con cierto toque elegante, empezaba un paseo con el Danubio entre parques con carril bici, terrazas y una infinidad de restaurantes y locales flotantes.


Así, disfrutando del entorno y del paisaje llegamos al puente que suponía la entrada a nuestro destino final, con mil kilómetros a nuestras espaldas y cinco países recorridos, estábamos en Belgrado con el sueño cumplido, haber llegado desde Viena en bicicleta!





miércoles, 19 de agosto de 2015

Día 16. Ilok - Beska (79 km)


Desayunamos en Ilok, hacía una mañana fresca y húmeda porque había llovido de noche y salimos sin mucha prisa, antes de dejar el pueblo, compramos en la panadería local tratando de deshacernos de las últimas kunas croatas. Cruzamos el puente que nos llevaba la otra orilla del río y a los pocos kilómetros cruzamos la aduana. Serbia, nuestro último país. Enseguida se nos mezclaron sentimientos de alegría y tristeza, aventura casi conseguida, Serbia por fin, pero también queda menos para el final.


Pedaleamos con tráfico muy intenso y carretera sin arcén hasta Novi Sad. En principio la idea era hacer noche en esta ciudad pero de ser así nos quedaría una última etapa muy larga y con una subida larga y pronunciada. Todos estos días le dimos vueltas a que hacer con esto. La guía - mapa que seguimos recomienda coger aqui un tren para llegar a Belgrado y evitarse así la subida, el tráfico y la kilometrada. Lo barajamos, pero haber llegado hasta aquí desde Austria y entrar a Belgrado de otro modo que no fuera subidos a la bici no nos convencía.


 
Llegamos a Novi Sad sobre las 12, por primera vez notabamos que en las afueras los barrios eran pobres pero a medida que nos acercábamos al centro el ambiente fue cambiando. Nos encontramos una ciudad muy bonita y animada, calles empedradas, plazas abiertas y cantidad de terrazas en las que ya a esas horas habia bastante movimiento de gente. Paseamos para ver la iglesia y la plaza mayor y recorrimos las calles mas emblematicas del centro historico. 


Se nota en Novi Sad el aire de una ciudad importante (es la segunda ciudad Serbia). Relajadamente comimos, sacamos dinares serbios y tomamos una limonada. Despues de unas horas disfrutando de la ciudad decidimos que a pesar de que nos daba pena dejar elsitio, seguiríamos ruta hasta el pueblo de Beska, que aparentemente no ofrecía más que ser el enclave estratégico para hacer asequible la última etapa. 





Así q nos pusimos en marcha, dispuestos a quitarnos la gran subida de delante y los solamente 26 kilómetros que nos separaban de Beska.


Nos encontramos con aún más tráfico que antes y confirmamos que los serbios son un poco punkys al volante. Nos estresó bastante pedalear así y en cuanto tuvimos ocasión cogimos una vía alternativa que iba paralela a las vías del tren. Fue dura pero entretenida y muy  guapa. Pista de piedras por un bosque, con mucha subida que nos hizo sudar pero que disfrutamos y en cierto modo nos hizo sentir en casa. 


Cuando llegamos a Beska nos sorprendió porque era más grande y animado de lo que esperábamos. Sin dejar de ser un pueblín tenía varias terrazas y tiendas y lugareños por la calle. Encontramos donde quedarnos y enseguida salimos a dar una vuelta. De nuevo el pueblo nos hizo sentir muy cerca de casa, la gente, los colores,olores, el ambiente. Algo tiene Serbia que nos recuerda a Asturias.


Paseamos entre las casas sin que tampoco hubiera nada que ver y acabamos viendo un torneo de fútbol local que tenía a todo el pueblo enganchado. 


Cenamos en una terraza en compañía de un gatín que estaba enganchao a la cerveza y nos retiramos. Mañana Belgrado. Ultima etapa, sensación agridulce. A descansar.

Día 15. Osijek - Ilok (85 km)

Nos levantamos en el encantador hotel en el que nos alojamos en Osijek. Con una sensación de haber descansado como se debe, desayunamos en la pequeña cocina de la casa. Cuando empezamos a preparar alforjas y demás parafernalia constatamos en el patio del hotel (chulisimo claro) que llovía y que tenía poca pinta de parar. La amable pareja que llevaba el alojamiento nos recomendó y reservó habitación en Ilok, por lo que empezamos ruta sabiendo que no íbamos a tener que dar las típicas vueltas para buscar refugio, lo cual nos turra bastante, y con la sensación de que iba a estar genial por quién recomendaba.


Les primeres pedalaes para salir de Osijek fueron ya bajo la lluvia. El tráfico era denso, típico de un lunes de mañana y un 17 de agosto, final de vacaciones de mucha gente. La mañana estaba lúgubre pero muy movida. Croacia no nos parece como Hungría y la mañana tenía el típico aire que suele tener en casa, movimiento, la gente de compras, mucho camión de reparto..... Poco a poco fuimos abandonando la ciudad y enseguida tomamos la carretera que nos llevaría a Vukovar. Mucho tráfico y cada vez menos lluvia, en determinado momento salimos unos kilómetros de la carretera principal, para luego retomarla y la cantidad de coches ya nos permitía ir más relajados. Con un paisaje que no ofrecía demasiado avanzamos kilómetros, frescos por fin, charlando relajados.


Atravesamos algunos pueblos y varios locales nos gritaban cosas en croata que nos hubiera gustado entender, pero que a juzgar por su gesto parecían palabras de bienvenida o ánimo. Íbamos a muy buen ritmo y muy a gusto, llegar a la entrada de Vukovar nos pareció un paseo, lo que hace el calor.....comentamos la mella que nos había hecho. Por fin podíamos disfrutar plenamente de la bici. Durante los últimos días ni siquiera podíamos parar sin chorrear, el tiempo ahora permitía descansos, paradas para comer, para visitar cómodamente, para sacar la típica foto que te llama la atención....las sensaciones eran buenas. Días antes parecía que todo pasaba por llegar a destino para librarnos del fuego.
La entrada en la ciudad fue larga y de nuevo con mucho tráfico. En contra de lo que pensábamos, Vukovar ofrecía la típica visión de ciudad industrial, con actividad muy en contraste con la Hungría rural que habíamos dejado atrás. Aquí había puerto, naves, camiones... Llegar al centro no llevo mucho tiempo y sin ser demasiado guapo la visión del Danubio aquí es muy bonita. En la orilla contraria una gran playa fluvial y vegetación en ambas riberas, nada de diques, una estampa muy chula. En la calle de nuevo mucha actividad, encontramos un mercadillo y todo estaba muy animado y lleno de gente. De nuevo todo nos acercaba más a lo propio, más gente por la calle, puestos con fruta y ropa....en Croacia todo nos parece más cercano y a la vez más cálido, ya veis nos mola el barullu. Esperábamos contemplar una ciudad más castigada, más agujereada, con más cicatrices, como epicentro que fue en 1991 del principio de la guerra de Croacia. Había edificios ruinosos, algunos abandonados, pero nos pareció que Vukovar tenía color, no impactaba como creíamos que podría hacer.


Dimos un par de vueltas por el centro y sacamos algunas fotos al río. Cuando ya no daba para mucho más, cogimos ruta y seguimos la carretera a Ilok. Saliendo del centro ya podíamos divisar el edificio más emblemático de la ciudad la "torre agua". A medida que nos acercábamos a ella se hacía grande y ahí sí, la sensación fue intensa. No podíamos dejar de mirar ese mamotreto cadaverico, destrozado y agujereado. Todo pasó a ser muy solemne, sin hablarlo ninguno de los dos esbozó una mínima sonrisa en las fotos. Hemos sido plenamente conscientes desde nuestra infancia de lo que ha pasado aquí, probablemente nunca rigurosamente informados y de repente ver una cicatriz tan profunda aquí al lado de casa y de hace dos días, te deja parado. Ha sido una experiencia terrible contemplar esa muestra del horror, de algo que nos fue tan ajeno y a la vez tan cercano. Después te da por pensar que casi todos los que ves por aquí han vivido eso, esa torre de agua nos pareció algo muy potente. Los 90 aquí no fueron felices.


Emocionados seguimos ruta y avanzamos en contra de la lluvia. El cielo nublado y la carretera muy mojada, por lo que no nos pilló ningún chaparrón más. El paisaje se volvió distinto, más bonito, como de camino a Osijek volvieron los viñedos y el terreno ahora era más cambiante. De camino atravesamos varios pueblos a los que se accedía en bajada y de los que se salía en subida, rampas cortas del 6 al 8% según decía el mapa. Divertida, una etapa muy ciclista con ese airecillo de aventura, empapados y manchados por la carretera mojada. Lo cierto es que lo pasamos genial, el calor nos hizo mella durante dos etapas, pero como gente del norte al fresco carburamos mejor.  Sin mucha más historia llegamos a Ilok, con algo de adelanto. Tuvimos que acercarnos a un bar al lado del alojamiento para que el encargado, dueño o lo que sea nos viniese a abrir.


Ducha, pintada de ojo y paseo. Esperábamos en Ilok un ambiente más bodeguero, como localidad vinicola, pero no fue así, encontramos la calma y una de las escenas más bucólicas de nuestro viaje. Paseamos el pueblo hacia el norte hasta llegar a una carretera flanqueada por plátanos (el árbol) enormes que daba acceso al Danubio y una preciosa sección de bosque autóctono muy abierta. Allí tan solo algunos pescadores silenciosos, un hotel hacia el este y un chiringuito cutre al lado contrario, justo en frente de la desembocadura de un canal en el cauce principal en el que fondeaban pequeñas embarcaciones de madera para la pesca. 


En ese paraje y con un cielo nublado que dejaba ver algún claro fue cayéndose el sol detrás del Danubio, una obra de arte. Cerveza y banco contemplativo, sólo con eso Ilok merece una y mil visitas. Con el sol escondido fuimos a cenar al hotel a orillas del Danubio, según nuestro hotelero único sitio enel que nos darían cena ese lunes. Resultó perfecto, tenían una terraza muy chula mirando al río, así que esa tarde todo fue para el Danubio.


Una vez en el hotel escribiendo este post con la RTL croata de fondo, descubrimos que el chico que nos había recomendado el hotel con encanto en Osijek era el reportero que cubría una noticia en Vukovar! Aquel chico tan amable narraba las protestas, violentas en algunos casos, de habitantes de Vukovar, en contra de la normativa del gobierno socialdemócrata de incluir en los carteles de las administraciones el serbio cirílico allí donde al menos un tercio de la población fuese serbia. No era el caso de Vukovar, el alcalde quería dar ejemplo, pero las cicatrices aún son muy recientes...


Día 14. Mohacs - Osijek (75 km)


Bendita tormenta, nos levantamos en Mohacs con la sonrisa puesta, el olón de calor parece que se acaba. La temperatura por la mañana era fresca y el cielo estaba nublado. Después de desayunar bien, olvidando que era domingo, empezamos a rodar con la intención de encontrar un super abierto, imposible claro. Pero llevábamos algo de comida de los días anteriores y no nos preocupamos demasiado.


Les pedalaes eren fresques, Croacia se presentaba como la tierra prometida. Avanzamos sin mayores dificultades hacia Udvar, paso fronterizo.  Al llegar pedimos a la chica que nos pidió los pasaportes que les pusiese el sello, con cierta condescendencia y sin entender muy bien la pijada nos los puso. 


Nada más entrar en Croacia notamos cierto cambio y en el primer pueblo nos abordó un grupo de colgaos que a eso de las 10 y poco de la mañana estaban en un jardincito al lado del cementerio moraos del día anterior (confirmado por uno de los colgaos). Querían que nos tomaremos una cerveza con ellos y tras declinar y decirle que íbamos hasta Osijek, el tipo (el que hablaba inglés) intentó desesperado que volviesemos a la carretera principal, para ahorrarnos algunos kilómetros. Para él que conocía aquello "like my finger", seguir las carreteras secundarias no tenía sentido, pero reanudamos marcha por donde nos dio la gana dejando atrás voces de "nooooo, nooooo!!"


El camino monótono de maíz y girasol pronto empezó a cambiar. Tras un repechillo de unos 500 m pasamos a circular por una zona más boscosa, en carretera más sinuosa y con algún sube y baja. Pronto atravesamos una sucesión de pueblecitos  vinicolas principalmente, que alternaban viviendas, hospedajes y zonas de viñedo. Los pueblos aquí parecían tener más vida, ya no encontrábamos sitios desiertos, sin gente. Encontrábamos más movimiento y locales que nos saludaban a nuestro paso. El tiempo más fresco nos cambió el humor, nos dimos cuenta que las altísimas temperaturas de los tres últimos días no nos habían dejado disfrutar de la bici como es debido.

Seguimos rumbo a Osijek atravesando un paisaje algo más monótono, volviendo al maíz. Conversando, haciendo alguna paradita sin chamuscarse y sin aplatanarse llegamos al un último tramo con el río Drava a la derecha y un bosque muy bonito a la izquierda, hasta entrar en Osijek.


La ciudad nos sorprendió por estar bastante muerta al llegar, lo achacamos a las horas de después de comer, no obstante, era domingo y fin de la primera quincena de agosto. Comimos algo dando una vuelta por el centro y admirando la co-catedral, antes de buscar alojamiento, lo que está vez nos costó mucho. El error fue no ir a la ciudad vieja de Tvrda primero, un chico que nos vio algo perdidos nos recomendó ir al hotel Maksimiliam, que estaba muy bien y además hacía descuento a los "bikers", amablemente llamó al hotel y nos dijo que estarían esperándonos. Rápidamente llegamos al hotel y allí nos recibió el dueño, un chaval encantador y super correcto que además nos invitó a un chupito como dicta la tradicion cuando un invitado llega a tu casa. El sitio resultó estar mejor que bien, era una casita familiar tradicional restaurada, con un patio precioso e infinidad de recovecos que daban acceso a las habitaciones. Un sitio con encanto y cuidado al más mínimo detalle, acogedor y exquisitamente decorado entre lo tradicional y lo moderno, muy muy molón.


Después de la típica ducha salimos a dar una vuelta. Empezamos por la ciudad decimonónica llena de edificios de inspiración art nouveau, pero descuidados, incluso con balazos en alguno de ellos. Después de llegar a la preciosa co-catedral salimos al Drava para pasear y tomarnos una birra local. La birra se cumplió pero el paseito se interrumpió a causa de un tormenton de tres pares, rayos, truenos y chuzos...impresionante la manera de llover y ventar.


Con ese panorama el paseo que teníamos previsto por el asentamiento original del Tvrda, se limitó a cruzar la calle que nos llevaba a nuestro alojamiento corriendo. No pudimos más que cambiarnos la ropa mojada y secarnos un poco, para después ir a cenar a la recomendación que desde un principio nos había hecho el dueño del hotel. Un verdadero acierto haberle hecho caso, a penas a unos 300 metros, cruzando la plaza principal llegamos a un local muy en línea del alojamiento. Había poquita gente y un simpático camarero nos atendió en un correctisimo y formalisimo inglés. Encantados con el ambiente y la comida, muy local, decidimos plegar y dar por concluido el día y disfrutar del descanso en nuestro nidito con encanto.

Día 13. Kalocsa - Mohács (84km)

Desayunamos en la habitación para no perder mucho tiempo. Preveíamos un día de muchísimo calor, la noche anterior habíamos visto que daban alertas por altas temperaturas.

Pronto nos pusimos en marcha. La etapa de hoy se resume rápido, 84 km de dique infernal y puñetero. Pista recta y a los lados nada, terruño húngaro. Nada más salir del pueblo comenzó el tramo de dique que en los primeros kilómetros estaba sin asfaltar. Aún no apretaba en exceso el calor y aunque el terreno hacía algo difícil el pedaleo, íbamos bromeando sobre lo bonito y diferente que era  paisaje. De nuevo no nos cruzamos con nadie.


40 km después llegamos a Baja, que es una población grande y bastante bonita. Había una playa fluvial que aprovechamos para darnos un baño y refrescarnos. Nos hubiera gustado pasear por la ciudad pero eran las 11.30, los termómetros marcaban 43 grados y el mapa amenazaba con más dique. Así que dimos un par de vueltas por el centro en bici y seguimos ruta. 


La segunda parte de la etapa fueron otros 44 kilómetros de dique. De puto dique. Ahora el aire se había vuelto muy caliente así que ni siquiera el viento que generábamos era agradable, todo lo contrario. De vez en cuando nos echábamos por encima el agua que nos podíamos permitir perder y quemaba!! Así seguimos, cruzando los dedos para no tener que parar a nada y entrar en combustión espontánea. 



Al cabo de un par de horas largas llegamos a Újmohács el lugar donde acababa el dique del averno y salía el ferry que nos cruzaba los escasos metros que nos separaban de la otra orilla, que ya era Mohács. Mientras esperábamos el ferry aprovechamos para darnos un baño en el río y comer un helado en el bar, que era lo único que había en el pueblo, el bar y dos o tres casas. Desde el bar veíamos un hotel en la otra orilla, con una pancarta en la terraza de la azotea que nos llamaba "Welcome bikers", así que nada más bajar del ferry y tras preguntar precio y confirmar que había aire acondicionado nos quedamos. La llegada fue graciosa porque estaban celebrando dos bodas a la vez y entramos y salimos a preguntar con la gran sudada, entre los invitados de punta en blanco desprendiendo perfume, casi apartando a la novia y a los "mariachis húngaros" de nuestro camino. La recepcionista se solidarizó con nosotros y nos ofreció una copa de vino de las que los camareros estaban ofreciendo entre los invitados. La aceptamos, por supuesto, pero os confesamos que el ojo lo teníamos más puesto en los canapés.

  


Ducha helada de rigor y paseo. Mohács es un sitio pequeño pero bonito. Nos hidratamos con cerveza local, sabiendo que eran nuestras últimas Soproni, porque al día siguiente ya cruzaríamos a Croacia. 


Mientras cenábamos una parrillada de especialidades húngaras en una terraza muy animada se levantó una gran ventolera. Nos alegramos pensando que quizás estuviera cambiando el tiempo por fin y se iría la ola de calor cochina. No nos alegramos tanto cuando nos acordamos de que habíamos lavado bastante ropa y la habíamos dejado secando en la terraza. Sí, a la vuelta al hotel nos tocó buscar ropa por la calle, apareció todo menos un calcetín que se resistió hasta la mañana siguiente. 

Luego cayó una gran tormenta, por fin empezaba a cambiar el tiempo.

Día 12. Ráckeve - Kalocsa (101km)


Nos despertamos después de haber descansado frescos y fenomenal y nos pusimos temprano en ruta para ganarle algo de tiempo a esta ola de calor que nos acompaña y no nos abandona.



A las 8.50 estábamos en ruta y los primeros kilómetros fueron a través de pueblos, que eran grupos de casas en línea, mirando al río. El terreno era muy irregular, pero las todavía no muy altas temperaturas hacían que avanzáramos a buen ritmo y sintiéndonos ligeros. 


Al cabo de un rato abandonamos esta zona para empezar un tramo de dique. Llanura a ambos lados con campos de maíz o girasoles y terreno bastante malo en el que, en muchas partes, apenas cabía la rueda. 



Así pasamos unos 40 kilómetros. Con el calor asfixiante que estamos sufriendo, los kilómetros de dique se hacen interminables porque no hay ni una sombra y parar se hace imposible. 


Pedaleamos por el dique solos sin cruzarnos con nadie. En la primera parte de la ruta,hasta Budapest, encontramos a muy poca gente, dos o tres viajeros, pero a partir de Budapest no nos cruzamos con nadie.


Cuando se acabó el dique pasamos por dos pueblos absolutamente vacíos y con una fuente que no funcionaba, y de ahí unos cuantos kilómetros más hasta que  las 15.30 llegamos a Kalocsa. Llegamos sin comer porque no encontramos, literalmente, ni una sombra donde parar en todo el camino.


La etapa de hoy se nos hizo pesadísima. El terreno malo, la monotonía del paisaje y sobre todo el calor hicieron que llegáramos agotados. Nada más llegar al pueblo nos metimos debajo de un árbol a comer algo. Después buscamos un sitio donde alojarnos y descansamos unas horas antes de salir a dar un paseo. Kalocsa resultó ser un rollo de sitio. 14 de agosto, medio mundo en fiestas y este pueblo de más de 10000 habitantes estaba vacío. Quisimos comer un helado y ahí encontramos el único movimiento del pueblo. La mitad de la población estaba a la cola para comprar un helao y después de un rato en la cola, dedujimos de un cartel en húngaro, que algo pasaba con los helaos ese día de a partir de las 5 de la tarde. Pues resultó que eran muy baratos, uno como el de la foto nos costo 100 florines, que son como 30 céntimos. 


Después del helao el pueblo no ofrecía absolutamente nada. Hay un museo de pimentón que para esas horas ya estaría cerrado pero que no nos apetecía visitar. Así que tomamos una Soproni, cenamos y nos fuimos a descansar esperando que el calor cesara para  día siguiente.