Nos despertamos en Gyor después de una noche de bastante calor,
desayunamos opíparamente en el hotel y nos pusimos en ruta. Nos costó un
poco salir de la ciudad porque las indicaciones del mapa eran un poco
confusas. Una vez hubimos salido encontramos la eurovelo 6 muy bien
señalizada, nada que ver con Eslovaquia donde no hay prácticamente
ninguna indicación.
Atravesamos una primera parte bastante industrial, pero esto durő poco. Pronto nos metimos en la zona rural y no la abandonamos en toda la ruta.
La etapa fue preciosa. Una alternancia constante de aldeas pequeñas sin ningún tipo de comercio, grandes maizales con pista de arena y tramos de bosque preciosos. A su vez, la carretera nos cansaba con subidas y nos regalaba bajadas que hicieron que el camino fuera muy entretenido.
Así, disfrutándolo a tope, llegamos a la primera población más o menos
grande, Acs. Este lugar nos sorprendió por tener una gran extensión, un
parque enorme, un campo de fútbol muy cuidado en medio del pueblo y
aún así no había ni un alma. Ni una fuente. Sólo nos encontramos a un
anciano al que le hicimos gesto de beber agua y nos señaló a los
aspersores del campo de fútbol , luego a los bidones y después de poner
los pulgares hacia arriba indicándonos que ese agua era buena, se vino
arriba y dibujó con sus dedos en la tierra del suelo el número 400, y
aun expresándose en húngaro, entendimos con sus gestos que el agua venía
de esa profundidad.
Cogimos un poco de aquel agua que venía directamente del manto terrestre y nos sentamos a comer en el parque.
La parte que más nos gustó vino en la segunda parte de la etapa, justo el tramo que transcurría después de Acs, que alternaba una primera parte con terreno muy irregular que resultó muy entretenido y una segunda parte de pista mal asfaltada, todo esto a través de un bosque precioso.
Al abandonar el bosque nos fuimos acercando al pueblo hasta llegar a Komárom que parecía un pueblo fantasma y nada bonito.
Preguntamos por alojamiento en unos cuantos sitios y en general era caro
o estaba completo, lo que nos hacía intuir que era un destino
vacacional, pero feo y con la gente escondida.
Encontramos un sitio agradable donde quedarnos y decidimos ir a la piscina municipal, hacía muchísimo calor y no había otra cosa de interés.
A las 5 en punto pasamos al recinto de la piscina y ....¡¡¡ay amigo!!! Ahí estaba toda Hungria y parte del extranjero! Menuda folixa. El lugar era un complejo enorme al aire libre de césped, piscinas, hamacas, puestos de comida, bebida...
Nos sentimos en la Hungría profunda y nos encantó, tanto que nos dimos un chapuzón esquivando gente en el agua y fuera de ella, hicimos cola para comernos un "lango"(especie de torta tipo pizza frita, con yogur y queso encima-ñam) y descansamos en las hamacas colgantes birra en mano. Una pena no tener documento gráfico del lugar porque fuimos sin cámara.
Después nos duchamos y salimos a buscar líquido y sólido, suponiendo que los cientos de personas de las piscinas tendrían que salir a cenar después a algún sitio. Demasiado suponer. Tan rollo y bajonero era el pueblo que decidimos coger las bicis y cruzar el puente que nos separaba de Eslovaquia buscando algo, sólo algo, de movimiento. Así lo hicimos y tras el puente estaba Komarno, más bonito pero igual de muerto que Komárom. Encontramos la única terraza de un restaurante con gente, y resultó ser un lugar muy agradable. Cenamos una mezcla de cocina tradicional húngara y eslovaca. Al terminar recorrimos de nuevo los escasos dos kilometros a Hungría y a descansar.
Respecto a la primera foto, dice Sara: ¡Mamá sin manos! ... ¡Mamá sin dientes!
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